La emblemática fábrica de calzados Manaco notificó el cierre definitivo de sus actividades operativas en Bolivia tras más de ocho décadas de historia industrial, provocando que sus obreros asumieran de manera pacífica las instalaciones de la planta de Quillacollo.
Dirigentes del sindicato y de la Federación de Fabriles de Cochabamba denunciaron que los administradores argumentaron una severa crisis económica y pérdidas acumuladas que superan los 130 millones de bolivianos para justificar el cese fabril.
La medida patronal deja en la incertidumbre laboral a más de 600 familias de trabajadores, quienes advirtieron que no permitirán que la planta sea desmantelada o transformada en simples almacenes de importación comercial.
El sector fabril exigió la intervención del Órgano Ejecutivo y el estricto cumplimiento de las leyes laborales bolivianas, advirtiendo con promover la conversión de la factoría en una empresa social si no se garantiza la continuidad de las fuentes laborales.
Por su parte, la gerencia de la firma informó que cubrirá el total de los beneficios sociales correspondientes e incluirá incentivos adicionales para los empleados desvinculados.
Redacción Central / ABI







